Tanto los personajes que aparecen en este fanfic, como los lugares y mayoría de hechizos fueron inventados por J.K Rowling, escritora de la famos saga de libros de Harry Potter. Por ello, yo hago esta "historia" sin ánimo de lucro, sólo por pura diversión.
Espero que les guste.
1.-MARTA
Desde la caída de Voldemort la paz en el mundo mágico había sido absoluta. Los accidentes que ocurrían no eran más que los cotidianos de siempre…Harry y yo, optamos por quedarnos con los Weasley por un tiempo, mientras buscábamos casa. Para mi hermano y para mí era algo frustrante, pues no queríamos molestar demasiado por ahí. Aún así, la señora Weasley siempre insistía y nos decía cosas como: “¿Harry, Lily, cuándo habéis molestado vosotros en casa? ¡Qué tontería! Podéis quedaros todo el tiempo que queráis.”
Poco después de esa última discusión con la señora Weasley, conseguí una casa en Godric’s Hollow, para ser exactos la que se encontraba en frente de la de donde vivieron mis padres. Tardé mucho en convencer a la señora Weasley de que estaría bien y de que no se preocupara. Así que, cuando lo conseguí…
Al día siguiente por la tarde me marché de la Madriguera. La señora Weasley, a pesar de haber aceptado ese hecho, puso algunas pegas, pero aún así dejó que me fuera al poco. Ya había ido una vez allí (aparte de la vez en la que fui a alquilarla) para dejar mis cosas en la casa, aprovechando un día en el que la señora Weasley salió a hacer algunos recados. Por su parte, Harry encontró un piso en Londres. No había ido allí aún, pero según él no estaba nada mal.
Al llegar todo parecía estar en orden, tal cual lo dejé. O al menos, así estaba la planta baja…
-¡Qué demonios!-exclamé al subir las escaleras. La ventana que estaba al final del pasillo estaba rota, igual que las cortinas. Y eso no era lo único que había sucedido: todas las habitaciones estaban totalmente destrozadas. Saqué la varita rápidamente. En las dos primeras habitaciones no había nadie, o al menos no a simple vista. Entonces, cuando llegué a la tercera...
-¡¡Desmaius!!-fue lo primero que acerté a decir. Pero fallé, y… el mortífago contraatacó.
-¡¡Protego!! ¡¡Cave ininicum!!- dije, cuando me lanzó el Avada Kedavra.
Salí al pasillo, tiré la mesita que había al final, y la usé como barricada. Pronto me vi disparando al mortífago todos los hechizos que se me pasaban por la cabeza. Supongo que lo más acertado fue…
-¡¡Expelliarmus!!-entonces lo desarmé satisfactoriamente y al poco, se desapareció. Me levanté tambaleándome un poco. Cogí su varita, y después de asegurarme de que no había nadie más en casa dije:
-¡¡Expecto Patronum!!- un águila plateada salió de la varita, inundando la habitación más cercana de una luz plateada cálida. Cuando por fin dejó de dar vueltas por el pasillo se enganchó en la araña del techo y desde allí me miró fijamente-¡¡Escucha!! Avisa a Harry de esto…-le dije todo lo que necesitaba saber, y al poco salió volando por la ventana rota. Yo, por mi parte, miré todo el desastre que aquel mortífago había causado. Inspeccioné todas las habitaciones a fondo para saber si se había llevado algo, aunque resultaba complicado saberlo, porque había dejado las habitaciones patas arriba. Al poco, llegaron no sólo Harry, sino también Fred, George, Hermione y Ron. Todos parecían alterados, pero Fred y Harry más que ninguno. Cuando aún iba por la mitad de la escalera Fred me asaltó y me cogió por los hombros.
-¿Estás bien? ¿Segura de que era un mortífago?-casi gritó.
-Sí…y sí…Pero no os alteréis…No ha robado nada y…-
-¿¡Qué no ha robado nada?! ¡¡Lily, seguro que te estaba buscando a ti!! No creo que quisiera robar nada…-estalló Harry.
-…y estoy bien-continué como si tal cosa. Luego, al ver que todos me miraban preocupados, continué-A menos que pretendiera encontrarme en un cajón…creo que sí que quería robar. Mirad, vamos a sentarnos y hablar de esto tranquilamente…
-¿¡Cómo quieres que hablemos de esto tranquilos?!-explotaron Hermione y Harry.
-Porque en tensión no sacaremos nada en claro. Además me he asegurado de que no hay nadie más aquí. Pero, si os quedáis tranquilos…-añadí al verlos con mayor tensión-los dos aurores pueden estrenarse…Anda seguidme, panda de histéricos…-subimos las escaleras con parsimonia, lo que hizo que el grupo se pusiera más nervioso de lo que ya de por sí estaba.
-Pues tienes suerte de que mamá no oyera el patronus. Había salido-dijo George, cuando vio el panorama del piso superior.
-¿Sabes que podía ir buscando?-preguntó Ron, sacando la varita.
-No tuve la amabilidad de preguntarle-contesté.
-Eso ya me lo imagino…-se ofendió él-Lo que quiero decir, es que si no hay algo que pudiera querer…
-No. Lo único que podría estar buscando lo llevo siempre conmigo-me señalé el giratiempo que colgaba de mi cuello-Y bueno, el pensadero, no creo que le interesara, pero de todos modos me he asegurado de que lo tenía.
-Bueno, el ministro ya está al tanto de esto. Esperemos que no se hayan escapado más. Pero lo que más me inquieta, es cómo supo donde encontrarte, Lily-dijo Harry observando aún la escena.
-No lo sé. Pero, no creo que vuelva, no sin varita al menos-agité la varita que sujetaba en mi mano izquierda-Tomad. Podríamos ir a preguntarle al señor Ollivander de quién es. Si es de sus varitas, seguro que recuerda a quien se la vendió-Harry dio su consentimiento, y la cogió.
-Ron, yo iré a hablar con Ollivander. Tú encárgate de supervisar la casa, y luego informa al ministro. No me fío. Quizás haya dejado algún artefacto tenebroso-acto seguido, se desapareció.
-Bien-dijo Ron. Entró en la última habitación del pasillo y allí, empezó a hacer múltiples hechizos.
-Yo iré haciendo los encantamientos en esta otra-dijo Hermione.
-No me miréis así-les dije a los gemelos-No ha pasado nada. Estoy perfectamente. Y…seguro que ha sido causalidad… ¿Cómo iba a sabe dónde vivo? Me acabo de mudar hoy mismo…
- Bueno, todo el mundo sabe perfectamente que todos los mortífagos no han sido capturados…Podrían espiarte-dijo Fred.
-Si os referís a los Malfoy…-empecé.
-¿Quién ha mencionado a los Malfoy? ¿Me has oído decir eso George?
-No, qué va-
-Bueno, da igual.
-El caso es que mamá no te dejará dormir aquí por un tiempo-dijo Fred, con las manos en los bolsillos, balanceándose hacia atrás y adelante y mirando el pasillo, para evitar mirarme directamente y así ofrecer una visión de algo así como…Te-lo-digo-como-el-que-no-quiere-la-cosa…
-¿¡No se lo iréis a decir?! ¡¡No podéis!! Tengo que quedarme aquí, si no, puede que el casero me quite la casa…
-Sabes que se acabará enterando. Las madres son así. Con sólo mirarte a la cara, ya saben lo que tramas.
-Bueno, pues que lo descubra, pero no se lo digáis-los amenacé con un dedo acusador y los labios apretados.
-No se lo diremos, pero…-empezó George.
-Pero, ¿no querrás que te dejemos sola?-terminó su gemelo. Abrí la boca para contestar, pero Ron me interrumpió.
-Lily, ¿quién te regaló esto?-dijo, saliendo de la habitación opuesta, a la que había estado el mortífago. Al darme la vuelta, vi un lindo osito de peluche, con un gran lazo turquesa al cuello.
-¿Eso? Elliot MacArthur, de Slytherin. Pero, ya lo revisé hace años, cuando me lo regaló. Es inofensivo- los tres pelirrojos no parecían estar muy de acuerdo.
-Bueno, era inofensivo. Ya no-entonces me percaté de que Ron no sujetaba el osito con las manos, si no que lo hacía levitar con la varita-No sé qué maleficio le han echado, pero es mejor no tocarlo. Por lo demás, está todo en orden…-miró el interior, sonrió y rectificó- bueno, me refiero, a que no hay nada más raro.
-Aquí no hay nada extraño. Miraré las otras habitaciones. Ron, será mejor que lleves el osito al Ministerio y lo revises allí meticulosamente-dijo Hermione, saliendo de la habitación y entrando en otra.
-Sí. Bien, si Harry vuelve por aquí decidle que estaré en el departamento de aurores-dijo Ron, y al poco desapareció.
-Yo voy a inspeccionar esta otra, para terminar antes-dije, entrando en la última habitación del pasillo.
-Nosotros tenemos que ir a la tienda. Luego volveremos-se desaparecieron casi al instante.
Hermione y yo inspeccionamos las otras cuatro habitaciones y, después de reparar la ventana y las cortinas del pasillo, bajamos a tomar un té.
-¡¡Ah!! ¡Vaya día! El mortífago ese pudo quedarse en su casa, ¿no crees?-dije tomando un sorbo de té.
-Sí, la verdad es que sí.
-Oye Hermione-dije, adoptando un tono sombrío-No le dirás nada a la señora Weasley, ¿verdad?-Hermione seguía teniendo siempre la manía de tener que confiar los grandes problemas a los mayores, incluso siendo ahora ya, técnicamente adultas. Bueno, ya teníamos dieciocho años, así que…Por eso, lo que dijo, me sorprendió.
-Claro que no pensaba decirle nada, Lily. Ya somos mayorcitos. La señora Weasley no tiene por qué estar preocupándose por nosotros. Aún así, si esto llega a términos mayores, se enterará ella sola-dijo, seriamente.
-Por Dios, Hermione. ¡Claro que no llegará a términos mayores!
-¿Cómo estás tan confiada? ¡Lily, te han atacado! ¡Un mortífago!
-¿Y qué? Eso, eso no significa nada, Hermione. Cada día quedan menos mortífagos en las calles. Los que quedan hacen lo posible por esconderse y sobrevivir. Vino a robar, y se llevó una sorpresa cuando supo que estaba allanando la casa de una bruja. Nada más. ¿Cómo iba a saber dónde vivo? Ya ha pasado más de un año desde que terminamos con Voldemort y los suyos, Hermione-añadí al ver su entrecejo claramente fruncido-Era un mortífago extraviado, nada más.
-¿Y cómo explicas lo del peluche? Tú misma has dicho, y después de todos estos años es más que seguro, que ese osito era inofensivo. Y ahora de repente…-se paró en seco-Mira Lily, no, no y no. Todavía no podemos estar seguros de nada, es cierto. Pero no puedes negar que es posible que esté pasando algo más grave que un simple robo.
-Tú misma lo has dicho. No podemos estar seguros, así que, hasta que se demuestre lo contrario, esto es sólo un robo.
-Ah-Hermione se empezó a exasperar-Como quieras. Pero pensaba que tú más que nadie, no te fiabas ni un pelo de las apariencias…-eso lo dijo con segundas. Claramente se refería a que yo siempre confié en Snape, pasara lo que pasara. Claro que entonces tenía de primeras, el criterio de Dumbledore y luego, mis propias conclusiones.
-Bueno, dejémoslo. ¿Cuándo decías que empezabas en el Ministerio?
-Mañana. Estoy algo nerviosa.
-Tranquilízate, lo harás bien-la calmé, dándole una palmadas en la rodilla.
Entonces se escuchó un ¡CRACK! y Harry apareció, algo nervioso. Tanto Hermione como yo nos levantamos instintivamente.
-¿¡QUÉ!?-preguntó Hermione, al borde de la histeria.
¿Qué ocurre Harry?
-Ollivander dice que la varita es de una tal Marta Sherwood. Dice que desde el día en que pisó su tienda por primera vez, no la volvió a ver.
Los tres nos quedamos un rato en silencio, pensando en qué otro paso podríamos dar. Marta Sherwood…No me sonaba de nada…
-Harry-dije de repente-¿sabe el señor Ollivander cuándo la vendió aproximadamente?
-Sí. Debe de ser una mujer algo mayor que Bill Weasley. Pero no sé cuanto más. Es muy posible que estudiara con él en Hogwarts. Aunque también podría ser que no. En cualquier caso, podríamos preguntarle.
-Sí, es buena idea-dije.
-Bueno, entonces vosotros id a hablar con Bill. Yo iré a Hogwarts-dijo Hermione con voz seria y segura.
2.-BILL Y MCGONAGALL
-¿A Hogwarts?-pregunté.
-McGonagall podría conocer a esa mujer. Ella ha estado enseñando durante años en Hogwarts. Y bueno, el retrato de Dumbledore está allí, así que…-se calló al ver que la entendíamos al fin. Asintió y desapareció.
-Vamos a ver a Bill. Supongo que estará en la casita de la playa-nos cogimos de la mano, y nos desaparecimos. Cuando volví a abrir los ojos nos encontrábamos en la arena. Se podía respirar un aire como nuevo y muy limpio. Era un sitio perfecto. Harry y yo nos dirigimos hacia la casita que había allí, perdida de la mano de Dios, con decisión. Al llegar aporreamos la puerta, con quizá, demasiada energía. Fleur abrió la puerta, un tanto asustada.
-¿Sí? ¡Ah, sois “vosotgos”!-dijo, más calmada-Pasad, pasad.
Ambos pasamos al interior. Todo seguí tal cual estaba la última vez que nos encontrábamos allí. Cuando aún buscábamos los horrocruxes.
-Fleur, ¿está Bill?-preguntó Harry con autoridad.
-Sí, está “aggiba”. ¿Qué “ocugge”? ¿Pasa algo malo?-desde luego Fleur no pasó por la alto la cara lívida de Harry. Se estaba pasando de la raya. Lo único que estaba consiguiendo era asustar a la pobre Fleur.
-No, no es nada. Es…un tema del Ministerio. Necesito hablar con Bill. No te preocupes-dijo, con una sonrisa al final.
-Está bien. Pasad al salón. Victoire está en el parquecito. Se alegrará de veros-ella también sonrió, pero se notó que era algo forzada. Acto seguido subió las escaleras casi corriendo.
Al entrar en el salón, lo primero que vimos fue a Victoire. Estaba en el parquecito, sí, pero no paraba de hacer levitar sus juguetes. No era la primera vez que lo hacía. Harry y yo nos vimos forzados a sonreír. Era una ricura. En cuanto nos vio entrar en la habitación se levantó poco a poco y empezó a decir:
-¡¡ Hagy, Lil !!
Fui casi corriendo hacia ella y la cogí en brazos:
-¡¡Victoire!! ¡Cuánto has crecido! Y eso que te vimos hace unas semanas. Dile hola al tío Harry…-
-Hoa ío Hagy-
-Oh, si estás para comerte-le dije embelesada.
-No, por favor, no creo que a Fleur le haga gracia-era Bill, acababa de entrar. Parecía algo nervioso. Seguro que Fleur le había contado sus impresiones de nuestra visita.
-¡Papá!-gritó la pequeña y quiso abalanzarse sobre su padre. Era imposible retenerla, así que se la di. Fleur apareció en el salón entonces.
-Sentaos, sentaos-dijo Bill. Y eso hicimos los tres. Fleur fue a por té, y volvió en cinco minutos.
-Y bien, ¿qué ocurre?-
-Queríamos…Queríamos saber si conoces a una tal Marta Sherwood-
-¿Marta Sherwood? No, creo que no me suena. ¿Por qué? ¿Ocurre algo?-no sabíamos que decir y nos quedamos callados. Mala cosa. Bill y Fleur se estarían imaginando todo tipo de cosas, seguramente peores y nada más lejos de la realidad.
-Mirad-empecé antes de que Bill volviera a tomar la palabra-alguien…alguien un mago o bruja ha entrado en mi casa, ha revuelto mis cosas y me ha atacado-Fleur se llevo la mano a la boca-No os preocupéis, no ha pasado nada. Bueno, bien, lo que pasó es que le desarmé y se marchó sin su varita. Harry fue a hablar con Ollivander para saber de quién era. Por lo que él nos ha dicho, pertenece a una tal Marta Sherwood, que debe de tener más o menos tu edad. Parece ser que es algo mayor.
Ambos respiraron profundamente, como sopesando lo que acababan de escuchar. Luego Bill dijo:
-Marta Sherwood…Marta Sherwood…-cerró los ojos con mucha fuerza, para hacer memoria-Creo que sé quien es-dijo tras unos minutos. Se levantó, dejó a Victoire con su madre y añadió:
-Voy a mirar los anuarios del último curso. Creo que había una Marta-Harry y yo lo esperamos con el corazón encogido. Al final me estaban contagiando aquella estúpida preocupación.
-Sí, en efecto-fue lo primero que dijo al bajar las escaleras, con un gran libro entre las manos-Es ésta-dijo, poniendo el libro en la mesita y señalando a la chica en cuestión- Era un año mayor que yo, pero repitió séptimo. Por eso sale aquí. Oye, ¿no le viste la cara Lily?
-No. Iba tapada con la túnica y la máscara de los mortífagos-Bill se sobresaltó un poco en el suelo.
-¿Mortífago? ¿Estás…estás segura?
-Sí-dije firme. Él parecía confundido.
-Bueno, yo…la conocía bien. Ella, no sería capaz de nada así. Estoy seguro. Además su familia es de una larga tradición de aurores de excelente reputación. Tenía muy buenos modelos a seguir.
-¿Seguro? ¿Podría ser una máscara? ¿Podría haber escondido su verdadero yo?-preguntó Harry, que me recordó a Snape durante uno de sus interrogatorios a mi hermano.
-Sí, claro que estoy seguro. Ya os lo he dicho, la conocía bien-dijo firmemente. Luego, dijo algo más, pero vacilante-Bueno, en fin…ella y yo…estuvimos saliendo tres años, creo que me habría percatado si estaba saliendo con una mortífaga-Fleur lo miró algo enfadada y ceñuda, pero no dijo nada.
-Bueno, cabe la posibilidad de que le hayan robado la varita. ¿Sabes dónde vive?-pregunté.
-Sí-Fleur lo asesinó con la mirada-El…otro día me envió una carta-si la miradas mataran…Fue a la cocina y trajo un sobre azul claro con pulcras letras doradas-Es esta. Quedaos con el sobre si queréis.
Abrí la boca para decir algo, pero Bill se adelantó:
-No, no le diremos nada a mamá-sonrió-Para que alertarla. Ya sabemos cómo se pone. No os preocupéis.
A los cinco minutos, volvíamos a estar en mi casa…
-¿¡CÓMO QUÉ NO ESTÁ AQUÍ?!-gritó alguien en el piso superior.
-Ya te lo he dicho Fred, yo acabo de llegar y no había nadie-dijo Ron intentando calmar las cosas, aunque su voz estaba algo quebrada.
Cuando subimos las escaleras, encontramos a George, Fred y Ron, que parecían tener una acalorada discusión.
-Si lo decís por mí…Estoy aquí-dije.
Los tres se volvieron a una, entre asustados y alegres.
-¡¡Lily!!-gritaron.
-Veo que sabéis como me llamo-
-Oye, déjate de tonterías. Pensábamos que ese loco te había secuestrado-dijo George, afligido.
-¡Jo! Qué poco confiáis en mi destreza en los duelos-dije falsamente ofendida. Intentaba darle un toque cómico a la cosa. A ver si así alguno reaccionaba y se daba cuenta de que aquello no era tan grave como parecía.
-¡No digas bobadas! ¿A dónde habéis ido?-dijo Fred, cortando por lo sano.
-A hablar con Bill.
-¿Con Bill? ¿Para qué?-se extrañó Fred.
Entonces Harry empezó a relatar todo lo que habíamos averiguado hasta entonces. Los tres escucharon con mucha atención, e incluso parecieron dar señas de conocer a la tal Marta.
-¡AH SÍ! Marta Sherwood. Era muy simpática-dijo Fred de repente.
-¿La conocéis?-pregunté extrañada.
-Sí claro. Venía mucho a casa cuando salían juntos. Y pasó algún verano en casa. A mamá y papá les caía fenomenal-explicó George.
-Además-siguió Fred-como es hija de muggles, papá aprovechaba cualquier ocasión para hacerle todo tipo de preguntas sobre la manera de vivir de ellos. Resultaba muy gracioso-rió.
-Sí, y siempre que Fred y George intentaban meterse conmigo, me defendía-Ron parecía que estaba rememorando buenos tiempos.
-¿Estáis seguros de qué es ella?-preguntó Fred, poniendo cara de extrañado.
-No, no lo estamos. Pero como le dijimos a Bill, es posible que le robaran la varita y el que atacó no fuera ella. Por eso le pedimos la dirección-Harry ondeó el sobre en el aire.
Todos nos quedamos callados un momento. Y cuando Ron iba a abrir la boca, Hermione se apareció en mitad del pasillo. Venía acompañada de una mujer, que jamás había visto. Igual que antes, los tres hermanos hicieron un gesto de reconocimiento.
-¿¡Tamara?! ¿¡Tamara Wright?!-dijo George asombrado.
-Sí…-la chica, bueno era algo mayor para ese calificativo, pero en fin, parecía algo confundida, frunció el entrecejo y luego, exclamó, abriendo mucho los ojos- ¿¡¡Los Weasley!!?
-En persona-dijo Fred sonriendo.
-No me lo puedo creer. ¡Cuánto tiempo!-parecía emocionada, mucho en realidad. Antes de que la conversación empezara a andar, decidí bajarlos a todos al salón, para poder tomar asiento y tomar un té.
Una vez nos instalamos todos en el salón, Hermione interrumpió a la chica, que volvía a estar emocionada.
-Hablé con McGonagall. Y sí, le dio clase a esa chica. Dice que era una estudiante modelo, muy inteligente; fue prefecta y delegada.
-Bueno, eso no le impidió repetir por lo que nosotros sabemos-le dije.
-Veo que habéis conseguido algo vosotros también. Ahora me contaréis-sonrió y prosiguió-Sí, tuvo que repetir séptimo, al parecer por motivos personales. McGonagall no podía decirme nada de eso, pero por el rostro que puso, debió de ser algo serio. Me ha dicho que investigará la dirección de su domicilio…-Harry la interrumpió.
-No es necesario-le tendió el sobre-Aunque supongo que así nos aseguraremos de que siga siendo esa. Aunque Bill nos ha dicho que la carta se la envió hace poco, no haremos nada malo en confirmarlo.
-Bueno…-suspiré y miré de soslayo a Tamara.
-¡Ah sí!-reaccionó Hermione-Tamara es la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras…-intentó seguir, pero Fred la interrumpió.
-¿¡Qué?! Pero si sólo eres dos años mayor que nosotros...-
-No ha venido a discutir por qué ha obtenido el puesto siendo tan joven-atajó Hermione-Ella estaba hablando con la profesora cuando yo llegué. Cuando escuchó mi relato de lo ocurrido dijo que podría ayudar con lo del osito de peluche. Ya sé que está en el Ministerio, pero como se ofreció y la profesora le ha dado un permiso de unos días, pensé que no sería mala idea. Bueno, contadme que os ha dicho Bill y después iremos al Ministerio a por el peluche.
Después de contarlo todo de nuevo, nos dimos cuenta de lo tarde que era.
-Me parece que lo del peluche tendrá que esperar a mañana-dijo Ron, mirando su reloj- Son cerca de las once. Mamá debe de estar echando humo por las orejas.
-Bueno, yo me quedaré contigo esta noche Lily-dijo Harry.
-Yo también-dijo Fred.
-No, no. Me quedo yo-replicó George-Mañana tienes que ir a recoger el pedido, ¿recuerdas? Te esperan a ti.
-Bueno…está bien. Después de recogerlo me pasaré por aquí. Y Lily…si te marchas, procura avisar antes-después de clavarme la mirada, se volvió hacia Tamara, le puso la mano en el hombro y le dijo:
-Verás cuando te vea mamá. Va a flipar…-a continuación los dos desaparecieron. Y al poco, lo mismo hicieron Hermione y Ron, cogidos de la mano.
-Bueno, hay una habitación ordenada aquí abajo. Voy a poner dos camas más-dije.
A la media hora o así, los tres estábamos profundamente dormidos. Había sido un día demasiado largo.
3.-EL PELUCHE
Me desperté sobre las siete de la mañana. En realidad no tenía porque levantarme tan temprano, pero supongo que mis tripas discrepaban.
Harry, que estaba en frente de mi cama, deliraba un poco; a veces soñaba con Voldemort, aunque muy de cuando en cuando, y se palpaba la cicatriz, como acto reflejo, pero ya no le dolía. George, por su parte murmuraba frases inconexas a un Fred inexistente: “Fred, las cajas esas van ahí… Verás cuando mamá se entere…Filch se acerca por el pasillo…”. Intenté hacer el menor ruido posible al salir de la habitación y enfilar el pasillo. Cuando llegué a la cocina empecé a preparar unas tostadas y café para los tres. George fue el siguiente en levantarse. Tenía el pelo todo alborotado y tenía cara de muerto. Los ojos los tenías prácticamente cerrados; incluso se tropezó con la pata de la mesa de la cocina y maldijo por lo bajo sin ánimo alguno.
-¿No has dormido bien?-le pregunté mientras le servía un plato de tostadas con mermelada y un café.
-¿Qué? Ah, sí, sí-cogió una de las tostadas y casi se la traga de una vez-¡Qué rica!-dijo con la boca llena.
-Me alegro de que te guste. Oye, ¿a qué hora tenía que recoger Fred el pedido?
George abrió la boca, llena de tostada, para hablar, pero una voz desde el salón le interrumpió.
-A las seis. Ya está en la tienda. Todo puesto en su sitio-dijo Fred, entrando en la cocina y quitándose el abrigo que llevaba. Se sentó al lado de su hermano y me guiñó un ojo-Veo que te acabas de levantar Georgie.
-¿Quieres tostadas?-le dije.
-No, gracias. Ya he desayunado. Aunque, no me importaría tomar un café…
Mientras lo preparaba, recordé que anoche Tamara se fue con él a la Madriguera, así que le pregunté…
-¿Y Tamara? ¿No viene contigo?
-No. Mamá la ha acaparado. Le está preguntando de todo. La pobre está teniendo que mentir claro, porque si no se nos descubre todo el brownie…
-Se dice “pastel” Fred, se nos descubre todo el pastel…Ja, ja, ja…Pero, oye, ¿de qué la conocéis?
-¡Ah, sí, eso! Vivía con sus padres en el pueblo de al lado. La conocimos antes de entrar en Hogwarts. Cuando nos enteramos de que ella y su madre eran brujas nos emocionamos mucho. Nunca antes habíamos sabido que allí viviera ninguna familia mágica. Lo malo fue que cuando ella iba a comenzar Hogwarts, ya sabes que es dos años mayor que nosotros, tuvieron que marcharse a Francia porque a su padre, que es muggle, lo mandaron a una “rucurral” allí…-le interrumpí brevemente.
-Querrás decir una sucursal…-
-Sí, eso. Y bueno, obviamente ella ha estudiado en Beauxbatons. Solíamos escribirnos cartas…pero terminamos perdiendo el contacto.
-Sí, una pena. Es muy maja-George acababa de terminar la última tostada, y entonces Harry apareció en la cocina ya vestido; su pelo, seguía siendo indomable.
-Buenos días-dijo.
-Buenos días.
-¿Y Ron y Hermione?
-Se han ido al Ministerio. Ya sabes, para traer el peluche. Oye, Lily, ¿por qué seguías guardándolo? Bueno, ese chico nunca te gustó, ¿no?-dijo Fred, como si tal cosa.
-Pues…bueno... en realidad salí con él en sexto…Creía que lo sabías… y, bueno, el osito me pareció un bonito detalle, y además es muy mono.
-¿Qué saliste con él?-preguntó Fred ceñudo; en realidad estaba más incrédulo que otra cosa-¿En serio?
-Claro que es en serio-
-Ah…Pues que mal gusto, hija…-dejó caer, Fred.
Iba a replicar, pero entonces se escuchó un PUM, y Hermione y Ron entraron en la cocina con una cajita en la que supuse, estaría el peluche.
-¿Y Tamara?-fue lo primero que preguntó Hermione al mirar alrededor.
-Está siendo bombardeada-luego, viendo a unos ceñudos Ron y Hermione, añadió-por mamá. Casi no la deja respirar. Voy a rescatarla-y tras esas palabras, desapareció.
-Oye George, podrías ir vistiéndote, ¿no crees?-preguntó Hermione.
-¡¡Oah!!-bostezó George-Sí, voy, mamá Granger-se fue a la habitación arrastrando los pies, para volver algo más animado, ya vestido y bueno…digamos peinado, si eso se podía llamar así. Para cuando él llegó, Fred y Tamara ya habían aparecido en la cocina.
-Bien… ¿Dónde está el osito?-preguntó Tamara, casi al instante-pero yo, sin saber bien por qué, hablé antes de que lo hiciera Hermione, para preguntar algo más bien estúpido, pero que tenía necesidad de preguntar:
-¿Alguien aquí no ha desayunado? Hay cereales y tostadas. Y zumo de calabaza o café.
-No, ya hemos desayunado, gracias-respondieron al unísono Tamara, Hermione y Ron.
-Desde luego, Lily, cada vez te pareces más a mamá. Mírate-bueno, quizás tuviera algo de razón. Llevaba el pelo recogido en un moño, sostenido gracias a mi propia varita; las mangas remangadas para poder fregar sin manchármelas, ya que eran muy largas; y en fin, los brazos en jarras sobre la cintura; no me veía la cara, pero suponía que tendría la típica de madre excesivamente pendiente de sus hijos.
-Bueno-terció Tamara, sonriendo-dejadme ver el osito-Hermione se lo tendió-A ver, a ver…
-Creo que estaríamos mejor en el salón, ¿no?-sugerí-Aquí puede mancharse de mermelada…
-O sí, y sin duda eso al osito le va a importar mucho…-empezó Fred.
-En todo caso…-prosiguió su gemelo-la que debe tener cuidado es la mermelada, ¿quién sabe qué le podría hacer Teddy?
-Se llama Snoopy-dije, como si nada.
-¿Qué?-se extrañaron los gemelos.
-Que se llama…
-Bueno ya vale. Intentamos trabajar. Si así estás más cómoda iremos al salón…Pero dejaos de tonterías ¿queréis?-se enfadó Hermione-Y…Snoopy es más original, desde luego.
Una vez en el salón…
Tamara le hizo al osito innumerables hechizos. Llegó el momento en el que perdí la cuenta. Entonces, de repente, cuando ya iba a quedarme dormida…
-¡Oh, oh!-dijo Tamara, cuando un resplandeciente chorro de luz azul, paso a un verde esmeralda.
-¿Qué ocurre?-preguntamos todos impacientes.
-Esto no es nada bueno. El encantamiento que le han echado a Teddy…quiero decir, a Snoopy, es sumamente peligroso. Suerte que nadie lo tocó. De haberlo hecho, estoy casi segura de que habría muerto casi al instante.
-Entonces… ¿qué hacemos con él?-preguntó Hermione.
-Hay que destruirlo.
-¿Y no hay ninguna manera de dejarlo tal cual?-pregunté, con una especie de mueca de dolor.
-Mmm…No, la verdad es que no…El encantamiento es demasiado potente. Aún retirándolo, podrían quedar vestigios. No, definitivamente hay que destruirlo.
-No te preocupes, Lily. Te regalaré otro Snoopy-le miré de soslayo-O escribiré a Elliot para que te regale otro, como prefieras-reí.
-Pero, esto nos deja tal cual, ¿no? Quiero decir, el osito lleva mucho tiempo aquí, y ese mortífago lo hechizó. Vale. Pero, así seguimos sin tener más sospechosos que Marta, ¿no?-preguntó George.
-Bueno, sí y no. Me explico: este tipo de encantamiento no es ninguno conocido hasta la fecha. Es decir, sea el que sea que lo ha inventado, es de su propia cosecha. Eso, o lo ha copiado de otra persona que no lo dio a conocer públicamente. Y bueno, cualquier mago no es capaz de hacer este tipo de hechizo. Necesita un gran potencial. Así que, bueno, a penas es nada, pero algo es algo.
Ron, Hermione, Harry y yo nos miramos instintivamente. Sólo conocíamos a una persona que hubiera creado sus propios hechizos: el Príncipe Mestizo; más conocido como Severus Snape.
-Harry, ¿dónde dejaste ese antiguo libro de pociones?-preguntamos a la vez Hermione, Ron y yo. Mientras, Harry parecía hacerse esa misma pregunta a sí mismo. Luego, dijo:
-Desde luego no me lo llevé a casa. Se quedó en Hogwarts. ¡Ah, ya! En la Sala de los Menesteres. Sí, lo dejé allí.
-Bueno, quizás sería más fácil preguntarle directamente a Snape, a su cuadro en el despacho del director-sugerí.
-¿Y cómo se lo explicamos? No sabemos cómo se llama-terció Ron.
-Pero sí sabemos los efectos que producen-apuntó Tamara-Si él lo creó sabrá que hechizo es, si les describimos esos efectos. Estoy segura.
-Nosotros tenemos que ir al Ministerio. Hay un montón de trabajo…-dijo Harry.
-¿Qué hora es?-preguntó de repente George.
-Las doce-los gemelos pegaron un bote y se irguieron tan altos como eran.
-¡¡LA TIENDA!! ¡Tendríamos que estar allí desde hace media hora!-gritaron y desaparecieron.
-Bueno, no os preocupéis. Tamara y yo iremos Hogwarts. Id al trabajo-tras estas palabras, los tres desaparecieron también.
-¿Un café?-pregunté.
-No, gracias-dijo cortésmente.
4.- 1978 - 1980
Tamara y yo nos dirigimos con presteza a Hogsmeade. Una vez allí nos dirigiríamos al pub Cabeza de Puerco, por donde llegaríamos a Hogwarts a través del pasadizo del cuadro de Ariana.
-Espera-le dije a Tamara.
-¿Qué ocurre?-se extrañó.
-Se me olvidó avisar a McGonagall. ¡Expecto Patronum!-en cuanto el águila plateada hizo acto de presencia, le susurré que avisara a la directora de nuestra visita rápidamente-Ya podemos continuar.
Sin más preámbulos nos dirigimos hacia el pub. Entonces, volví a pararme en seco. Un chico estaba cerca de la tienda de chucherías de Honeydukes; aunque, en vez de deleitarse con aquellas deliciosas chucherías estaba alicaído en uno de los bancos de piedra del pueblo. Se miraba los pies y estaba encorvado. Su pelo rubio brillaba con fuerza bajo el deslumbrante sol…
-Oye Tamara-le dije sin mirarla, fijando la vista en el chico-adelántate y espérame, no tardo nada.
-Vale-se limitó a decir y se marchó a paso rápido. Yo por mi parte me acerqué sigilosamente al chico. De hecho, no se dio cuenta de me había acercado hasta que estuve sentada a su lado.
-¿Qué haces aquí Potter?-casi me escupió, levantando la cabeza poco a poco. Tenía la nariz arrugada y me miraba con desprecio.
-Que yo sepa esto no es tuyo…Malfoy-acentué su nombre con cierto enfado.
Se levantó para marcharse, yo hice lo mismo.
-¿Y ahora qué? ¿Vas a hacer de perrito faldero, Potter?
-¡¡Yo no soy el perrito de nadie, idiota!!-me estaba arrepintiendo por momentos de haber intentado entablar una conversación con él.
-¿¡Ah, no?! He oído que sigues a esos estúpidos gemelos Weasley por todos lados…-le cogí por el cuello de la camisa, con fuerza-¡¿Qué vas a hacer?! ¿Me vas a pegar? Ja,ja,ja-acto seguido le pegué un bofetón mucho más fuerte que el que Hermione le pegara en tercero. Le di tan fuerte que se apartó, encorvado a un lado. Luego, levantó la cara. Tenía una huella de mano roja pegada a la mejilla. Miré mi mano; a decir verdad a mí también me dolía, pero cerré el puño y apreté los labios. No iba a quejarme delante de él.
-¿¡Qué?! ¡¿Algo que añadir?!-se marchó con la cabeza alta y sin rechistar. Luego, a los pocos pasos que dimos, cada uno en dirección contraria a la del otro, nos volvimos, nos miramos con mirada gélida y seguimos cada uno su camino.
Al llegar al pub Tamara hablaba tranquilamente con Aberforth, el camarero. A mí, aún me dolía un poco la mano.
-Hola Aberforth-dije, jovialmente.
-Lily, ¡cuánto tiempo! Me alegro de verte. Tamara ya me ha dicho a que habéis venido. Venid, le diré a Ariana que os deje pasar… ¡Uy! Que maleducado. No te he preguntado si quieres tomar algo antes.
-No, no te preocupes. Gracias.
Nos guió a ambas hasta el cuadro de su hermana pequeña Ariana. Y al poco, nos vimos atravesando el estrecho pasadizo que nos conduciría a la Sala de los Menesteres. Allí, por suerte, no había nadie. Aunque al salir, nos encontramos con algunos estudiantes confusos; pero no sabría si sería por encontrarse de repente con una profesora que se suponía estaba en una especie de vacaciones o por verme a mí…Entonces escuché murmurar a varios grupos…
-¿La has visto? Es Lily, Lily Potter…
-¿Qué hará por Hogwarts?
-¡Lo mismo va a ser otro de nuestros profesores!
-¡Dicen que cuando iba a la escuela siempre estaba con los gemelos Weasley haciendo travesuras!
-Sí, sí. Ella también ayudó a que la arpía esa de Umbridge se fuera de Hogwarts…
-¡Qué guay!
-Parece que están encantados contigo-dijo Tamara. Me ruboricé un poco. No sabía que ella también se estaba enterando; seguro que supuso a que se debía mi sonrisita estúpida en la cara.
Al llegar a la Gárgola que dirigía al despacho del director:
-¡Brownies de cera de oído!-dijo Tamara, y a continuación la gárgola nos mostró las escaleras hasta el despacho.
-Que contraseña más…rara…
-Es que el profesor Dumbledore sigue siendo el que crea las contraseñas. Ya sabes cómo es…
Al llegar a las puertas de roble, éstas, se abrieron solas, dejándonos ver a la profesora McGonagall sentada en la silla del director, obviamente esperándonos a ambas. Cuando nos acercamos a su escritorio se levantó y dijo:
-¿Y bien? ¿Tienen alguna novedad?
-Sí, más o menos-la directora enarcó las cejas-En realidad, profesora, queríamos hablar con el profesor Snape-entonces el rostro de Snape y también el de Dumbledore me empezaron a mirar-Tamara explícales lo del hechizo del osito.
Una vez Tamara terminó de relatar la historia, todos los antiguos directores y directoras de Hogwarts nos miraban con expectación. Obviamente no hizo falta contar la historia desde el principio, porque Snape habría escuchado a Hermione contarla cuando ella vino al colegio. Entonces Snape empezó a hablar:
-Al parecer alguien vuelve a hacer uso de mis hechizos.
-Usted no los dio a conocer, ¿no?-pregunté.
-No.
-¿A nadie?
-Jamás dejé el libro descuidado. Pero sí, se lo dejé a alguien. Y es imposible que ella haya podido usarlo en ese osito que decís-me miró a los ojos. Su mirada era penetrante. En seguida entendió que yo sabía a quién se refería-En efecto Potter. Sólo se lo dejé a tu madre. Claro, que el libro, luego de que yo terminara el colegio se quedó aquí en Hogwarts. Y cuando empecé a impartir clase, me encargué personalmente de que nadie lo tocara.
-Entonces, eso nos deja un margen de tiempo. Quiero decir, usted no se lo dejó a nadie mientras estudiaba ni a nadie desde que empezó a impartir clase. Eso nos deja al sospechoso o sospechosa situado entre los años 1978 – 1980, porque estoy segura de que la persona que entró en mi casa era ya adulta, lo que deja fuera a los alumnos que seguían aquí después de 1997. De todos modos-me giré a mirar a la profesora McGonagall-¿es posible que me quede a observar las clases de los alumnos más mayores? A partir de quinto.
-Sí, claro. Toma los horarios Lily. Cuando llegues a las clases, diles que vas de mi parte.
-Gracias, profesor Snape, Dumbledore-me despedí, y me apresuré a ir clase por clase rápidamente. Terminé relativamente pronto, descartando a todos los alumnos. Ninguno era suficientemente alto. De hecho, la mayoría eran más bien bajitos. Al final regresé al despacho, para despedirme de la profesora.
-¿Y bien, Lily?
-Como sospechaba, no han podido ser ellos. No son lo suficientemente altos.
-No creo que debas guiarte sólo por ese patrón, Lily.
-Ya lo sé. Bueno, también me he fijado es sus manos. El mortífago tenía una mano seriamente marcada por una cicatriz. Supongo que podrían disimularla con magia, pero pocos saben de ese hechizo, y menos aún saben llevarla a cabo. No, no es un alumno de Hogwarts.
-Bien, entonces en breve te mandaré todos los alumnos que estuvieron en Hogwarts entre 1978 – 1980.
Tras esto, Tamara y yo nos marchamos. Esta vez no nos dirigimos a mi casa, sino que fuimos a la Madriguera.
-Le prometí a la señora Weasley que iría. No te importa, ¿no?
-No claro. Lo único es que no podemos decirle nada de esto, ya sabes. Tendremos que mentir-hice una mueca. Me sentía mal mintiendo a la señora Weasley, pero no la quería preocupar con memeces.
-Sí ya. Espero que esto termine pronto. No quiero seguir engañándola. Por cierto-dijo de repente-ese dato que nos ha dado Snape, deja a nuestra principal sospechosa casi al margen de esto. Ella entró en primero en 1980. No creo que descubriera el hechizo entonces. Pero bueno, de todos modos, sigue siendo sospechosa, ¿no?
-Sí, supongo que sí-dije, estando ya en frente de la Madriguera.
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